<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">
	<channel>
		<title>Oficio de lectura</title>
		<link>http://www.synodia.org/</link>
		<description>Lectura diaria del Oficio de la Liturgia de las Horas</description>
		<language>es</language>
		<copyright>Este canal RSS ha sido agregado por Synodia.org como un servicio de la Familia Sodálite a la comunidad eclesial.</copyright>
		<ttl>60</ttl>
		<item>
			<title>Dies Domini, 6 de
julio de 2008</title>
			<link>http://www.synodia.org/oficio2.php</link>
			<description><![CDATA[<h3>Mi sacrificio es un espíritu quebrantado</h3>
<h4>San Agustín </h4>
<p><em>Sermón 19,2-3</em></p>
<p><em>Yo reconozco mi culpa, </em>dice el salmista. Si yo la reconozco, dígnate tú perdonarla. No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al no poderse excusar a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás. No es así como nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: <em>Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. </em>El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón.</p>
<p>¿Quieres aplacar a Dios? Conoce lo que has de hacer contigo mismo para que Dios te sea propicio. Atiende a lo que dice el mismo salmo: <em>Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. </em>Por tanto, ¿es que has de prescindir del sacrificio? ¿Significa esto que podrás aplacar a Dios sin ninguna oblación? ¿Que dice el salmo? <em>Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. </em>Pero continúa y verás que dice: <em>Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. </em>Dios rechaza los antiguos sacrificios, pero te enseña qué es lo que has de ofrecer. Nuestros padres ofrecían víctimas de sus rebaños, y éste era su sacrificio. <em>Los sacrificios no </em>te <em>satisfacen, </em>pero quieres otra clase de sacrificios.</p>
<p><em>Si te ofreciera un holocausto </em>dice, <em>no lo querrías. </em>Si no quieres, pues, holocaustos, ¿vas a quedar sin sacrificios? De ningún modo. <em>Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. </em>Éste es el sacrificio que has de ofrecer. No busques en el rebaño, no prepares navíos para navegar hasta las más lejanas tierras a buscar perfumes. Busca en tu corazón la ofrenda grata a Dios. El corazón es lo que hay que quebrantar. Y no temas perder el corazón al quebrantarlo, pues dice también el salmo: <em>Oh Dios, crea en mí un corazón puro. </em>Para que sea creado este corazón puro hay que quebrantar antes el impuro.</p>
<p>Sintamos disgusto de nosotros mismos cuando pecamos, ya que el pecado disgusta a Dios. Y, ya que no estamos libres de pecado, por lo menos asemejémonos a Dios en nuestro disgusto por lo que a él le disgusta. Así tu voluntad coincide en algo con la de Dios, en cuanto que te disgusta lo mismo que odia tu Hacedor.</p>
]]></description>
			<guid isPermaLink="false">35dc37bf1d8221106572bd9847927b1a</guid>
			<pubDate>Sun, 06 Jul 2008 04:53:02 +0000</pubDate>
		</item>
	</channel>
</rss>